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Hay que ser buenos no para los demás,
si no para estar en paz con nosotros mismos.
Achile Tournier (1847-1906) Escritor francés.
Zitadina 2011
¡Putita!
Sin
clase, sin distinción, sin referirse a ellas más que en los verbos del
desprecio; todo eso y lo que representa el incomodo favor de saber que entre
nosotros se encuentra una vez más la doble moral disfrazada de ¡putita! Sin
embargo este mundo de definiciones se caracteriza por eso, distinguir lo que
a veces es innegable en los mundos en los que caminamos, y ¡si! como dicen
por ahí, hasta la misma basura se separa.
Para estar en contra de todo, se tiene que conocer ese todo, así que en mi
media legua podría afirmar lo que ya muchos conocen como prostitución o
prostituta, refiriéndose a toda persona que se gana el sustento a través de
la materia prima de su cuerpo, por lo tanto esto resulta una forma de vida
-más no una forma de ser- y todo lo que ello implica, o sea su causa y
efecto, por lo tanto, ¿Cómo se puede definir a una persona con esta forma de
vida como una “profesional”?, si miramos con simpleza el hecho de llegar,
actuar, cobrar e irte y todo ello con las respectivas reservas del amor ¿Eso
es ser profesional?, ¡wow! Un horno de microondas tiene más funciones.
Sin embargo existe una manera alterna de ser y de actuar, digámosle
“¡putita!” a esa forma de ser, la cual también podría definir un cierto
estilo de vida, y es probable que esta forma de ser no se cobre como tal,
pero no por ello no se pretenda obtener algo a cambio, sobre todo cuando no
ha sido ganado. La doble moral de las que dicen “yo no soy como las demás”
no las vuelve rescatables, sino más bien exigentes muchas veces sin sentido.
“Las prostitutas cobran, las putitas no” citaría el verso de las envidiosas,
¡ha!, como si en el contexto del dinero se definiera la moral; y aunque de
definiciones nadie se escapa, no es esta la que forma la fama; la huella que
le dejas a este globalizado mundo Trans es lo que pesa en la realidad.
¿Pero qué tan malo es el ser ¡putita!?. Tan trillado está el tema del
comercio sexual que está por demás el tratar entender el por qué simplemente
no es legalizado; conocido por todos, utilizado por todos, y sin ninguna
garantía para nadie que decida por voluntad propia aceptarlo o ejércelo,
este es el comercio que no tiene fin.
Por eso mismo en el inframundo de lo mundano se tejen actitudes que
pretenden desafiar lo establecido; envueltas en su misma doble moral, por
demás voluble y volátil, existen las ¡putitas!, las cuales navegan en la
ignominia de lo absurdo y reúnen una característica especial, ellas si son
legalmente correctas.
Con cuántas de ellas nos hemos topado muchas veces sin percátanos que tienen
la boca del lobo tan apetecible que dan ganas de besarla y justo cuando
vamos a lograrlo se retira y nos dice “Aquí la que da los besos soy yo”.
Navegar con bandera de interesadas sin cobrarte un peso, caprichosas y
acostumbradas a que se haga lo ellas digan por la simple razón de que ellas
-no son como las demás-, que no se venden y que su precio no cualquiera
puede pagar, es el esqueleto donde se forma la fosa del absurdo. La mente
ágil, la acción planeada, incluso la visten y la disfrazan de desgracia para
causar lastima (Por demás que somos un pueblo nacido del chantaje) y
desafortunadamente les resulta una y otra vez, porque ellas -no son como las
demás-, sin embargo las demás las saben distinguir del resto por que no
forman parte del circulo del vicio, carecen de talento y en el mejor de los
casos suelen ser bonitas, jóvenes y tienen un imán particular por la gente
mayor, suelen tener sexo de flojera y se enamoran de patanes que les hacen
ver lo que ellas mismas son por dentro.
¡Y sí!, el termino perfecto para describirlas es ¡putita!, así minimizado,
empequeñecido, empobrecido.
Ser prostituta es un trabajo con todo lo que con lleva la palabra “trabajo”,
pero ser putita es una actitud, una forma de actuar y de comportarte en los
terrenos más viles del chantaje y la provocación, las ¡putitas!
desprestigian un gremio de por sí ya lapidado desde tiempo atrás que es la
prostitución y lo único que fomentan es la disociación de lo que es y de lo
que finge ser, este tipo de actitudes suelen ser más perjudícales de lo que
aparenta, quita recursos de un hogar para llegar a otro, divide amistades “solidas”,
y tienen una fama que causa pena ajena, su modus operandi es el mismo
siempre y en el mejor de los casos no dura más allá de unos meses, sin
embargo siempre hay una nueva que viene de atrás.
No suelo estar a favor de la prostitución, pero si quisiera su legalidad,
acabaríamos con tantos males y con tantas putitas que suelen ser un estorbo
incluso un desprestigio, y hay novias, amigas, vecinas, hijas, compañeras,
esposas que también suelen tener esta actitud de ¡putitas!. Eh ahí la
verdadera autenticidad de una scort que decidió serlo por voluntad propia,
las que lo saben cuando les preguntan ¿A qué te dedicas? Sin temor responden
¡Soy Scort!.

zitadina@hotmail.com
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