
Pelucón
platinado, lentejuelas reflectantes, plataformas infinitas, pestañas
postizas, uñas tipo Niurka, cuadas de holanes, strapless curvilíneos y,
sobre todo, la decisión de pasarla bien incluso bajo una lluvia de
plomo. Porque sólo una drag queen puede con esto y con mucho más, la
noche y la moda les pertenecen.
México, D.F. La
Purísima: Cuba N° 17, Colonia Centro. En diez minutos se cierra la barra
y, contrariamente a lo que pudiera imaginarse, casi nadie se arremolina
frente al escultural barman que -presumiendo músculos de acero, tatuajes
tribales y bronceado de banqueta- se pregunta soterradamente si estará
perdiendo el encanto frente a la nutrida concurrencia del antro.
No es eso. Sería casi imposible no perder la compostura ante el
cantinero de La Purísima, pero ocurre que en la madrugada chilanga la
competencia es muy dura, y el "Adonis" en cuestión tiene un adversario
contra quien lleva todas las de perder: Dana Infinita Karvelas. Who's
that girl? Bueno, vamos por partes.
Uno: Es un artista que ameniza fiestas con incomparables imitaciones de
viejas estrellas del pop a punto de caer en el olvido y, por
consiguiente, candidatas idóneas a convertirse en figuras crepusculares
de culto.
Dos: Es una diosa del transformismo chic.
Tres: Es una suerte de "activo fijo sentimental" de La Purísima y,
obviamente, una de las guerreras insumisa de la cada vez más peligrosa
noche capitalina.
Y hablando de peligros, Rosa Beltrán escribe lo siguiente en su
maravilloso experimento narrativo Efectos secundarios: "Estamos en abril
y según las estadísticas hay cuarenta mil desaparecidos tan sólo en este
año. Hay indocumentados de los que no se vuelve a saber, hay fosas
clandestinas con cuerpos que nadie puede identificar, hay un número
creciente de jóvenes que salen por la noche y no regresan. Mientras las
ciudades se infestan de muertos o se despueblan, mientras las mujeres
desaparecen por miles y los padres se quedan sin saber qué son cuando
asesinan a uno de sus hijos, pues ‘huérfano' es quien pierde a un padre
pero no hay palabra que designe este hecho a la inversa, yo espero. Lo
mismo que Gógol, aguardo con impaciencia a que el mundo sea otro, aunque
para ello tenga que inventarlo valiéndome de la fantasía más
desquiciada".
Gran idea:
inventar el mundo a partir de la fantasía desquiciada. ¿Acaso no es
justamente esa la intención de las orillas más agitadas de la moda? ¿No
es eso lo que buscamos cuando elegimos portar una chaqueta de lustroso
cuero negro con hombreras tachonadas de estrellas, anhelos y
estoperoles?
Pues bien, nadie mejor que Dana Infinita Karvelas, Tigrida Revuelta (ama
y señora de la Zona Rosa), Zemmoa y una colorida legión de travestis
para asumir el tema de la reinvención del mundo a partir de un derroche
enloquecido de fantasía, mismo que toma por asalto sus voluptuosos,
estilizados o famélicos cuerpos, volviéndolos tierra fértil para hacer
de cada vestido, de cada peluca y de cada zapato un fandango ready to
wear.
Parecería, entonces, que la insumisa comunidad "draga", con todo y sus
atuendos ora estrambóticos, ora formidables, se ha convertido en la
heredera definitiva del reino de la diversión nocturna.
En una urbe que cada vez se torna más violenta e insegura, y al mismo
tiempo invitante e irresistible, mucha gente (sobre todo después de
cruzar la línea de la tercera década de vida) ha comenzado a visualizar
los antros y todo lo que estos conllevan como una situación de riesgo
que bien puede sustituirse por sistemas de entretenimiento más inocuos,
es decir, el famoso "CCH" (cine, cena, hogar... u hotel, si se
prefiere).
La atipicidad de una drag queen le garantiza cierta inmunidad ante los
embates de una violencia que se antoja sin fecha de caducidad, y que ha
teñido la noche defeña y de muchas otras ciudades del país con un
pigmento empapado de miedo.
Así las cosas, todo parece indicar que la madrugada se está convirtiendo
en el territorio sacro de los más valientes (¿temerarios?) habitantes
del Distrito Federal, los travestis, quienes vestidos como si no hubiera
un mañana, y arropados por la paradójica verdad del artificio, toman por
asalto avenidas, antros, clubes, bares y discotecas, deslumbrando a todo
aquel que se atraviese en su camino con las cotas más altas del glamour,
o bien, aterrorizándolo con voluptuosidades impostadas que van lo
caricaturesco a lo grotesco en un solo trazo.
Finalmente, como señalan varios autores, el cinismo no es más que un
acto de supervivencia. Y los travestis, junto con el sistema de la moda,
lo comprenden a las mil maravillas, sobre todo si nos adentramos en el
México que nunca, nunca duerme.