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“El poder no es un medio, sino un fin en sí mismo.”. George Orwell
Voto LGBT+
Ambición, poder, soberbia, dinero, traición, idolatría y mentira. Algunos de los sinónimos que el pueblo otorga para ser gobernado de esa manera una y otra vez, así hasta el final de los tiempos. Para mendigar un voto, no existe dignidad alguna, ni discriminación o clase social; para el voto político todos somos importantes e iguales, tan importantes como cualquier relación tóxica-destructiva de la cuál nadie está exento, aunque para incluirnos se tengan que tragar varios sapos, así como fueron tragados años atras, que se diga que el pasado nos este haciendo justicia hoy día, aún es cuestionable. Los derechos políticos de la comunidad LGBT+ han avanzado de manera pausada, muchas veces lenta y en algunos casos de manera injusta. Empatizar con las causas ajenas, sobre todo de aquellas que vemos desde un privilegio, dependen de un interés oculto que va más allá de los derechos humanos, (como si serlo estuviera a discusión); sobre esa educación machista se ha construido el teje y maneje de la clase política desde que surgió por primera vez, pero los nuestros, los desclosetados, aquellos que ondean la bandera del arcoiris y que se han alineado a ese pensar es lo que se mira decepcionante para las necesidades de la comunidad. Todo es política y tanto diputadas, senadores, magistrados y alguno que otro activista lo saben, por eso mismo, propuestas y buenas intenciones siempre se verán ligadas a intereses monetarios y partidistas, dejando a un lado las verdaderas necesidades por las que dicen luchar; aquí, los vicios ajenos y colectivos tienen prioridad antes que cualquier causa, y un ejemplo claro de ello siguen siendo la comunida Trans que sigue siendo una de las más violentadas y vulnerables, a pesar de tener dos diputadas Trans, que velan por nuestros intereses, y aún así han sido atacadas por dos razones nada especiales: por lo que son y por lo que no son. Cubrir de empleos, salud, vivienda y educación tan solo a esa pequeña comunidad no ha sido nada fácil, y ahora se suma lo binario y no binaro a ese esquema de normatividad en la cual terminamos por no encajar. Cierto es que la participación de algunos representantes de la comunidad han dejado mucho que desear, mostrándonos que primero son ellos y sus bajas intenciones las que más importan, u otra forma de amedrentarnos ha sido con los asesinatos a nuestros representantes para asi manipularnos através del miedo. Si aún con representaciones en la política mexicana hemos visto poco avance, es la sociedad civil la que nos da ejemplos claros de como se deben hacer las cosas. El tener la Clínica Condesa para la comunidad que necesita retrovirales o tratamientos de reemplazo hormonal, más que un logro fue una necesidad que como sociedad nos rebasó, y que sin duda el gobierno atendió pero no por necesidad, sino más bien para no prolongar una pandemia que de por si lleva más de 40 años existiendo. Los mexicanos políticamente hablando siguen siendo unos huérfanos desamparados de si mismos, y sin opciones, que de generación en generación hemos tenido la mentalidad de votar por el menos peor. México, tan lejos de Dios pero tan cerca de sus demonios.
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