
¿Desde cuándo la vanidad y la banalidad requieren de inteligencia para
subsistir? Hasta ahora ninguna de las dos ha tenido el peso suficiente para
trascender más allá de un simple evento; y es que de buenas intenciones está
lleno el infierno y son estas mismas intenciones de las cuales se tiene que
cuidar uno, ¿acaso no se ha tenido la “buena voluntad” de sacar a este
mísero país de la pobreza?, todos sabemos los resultados de esas buenas
intenciones, y lo peor de las buenas intenciones es cuando estas van
disfrazadas, y si a ello le agregamos un toque de morbo tenemos la
combinación perfecta en donde todas nosotras cabemos a la perfección. Sin
querer y hoy queriendo volvimos a la fascinante Sodoma y Gomorra.
El emperador no tiene amigos pero puede presumir que tiene las intenciones
de que así sea; cuando todo se justifica con la palabra “amigo” las cosas
nos sientan mejor, por ejemplo una orgia podría salir delicatessen si es
organizada por los cuates, los reyes saben de sus caprichos y los cumplen
por encima de toda aquella reina que se aposenta en su castillo, esto es:
“finge que no sabes nada mientras sigas siendo la reina”, bien valdría la
pena un imperio, un capricho y después morir por él. Los hombres en lo
particular saben cómo manejar las situaciones de conflicto, para los griegos
existía la posibilidad de que su efebo fuera la causante de desfogar en él
cualquier perversión posible y no suscitada por la esposa en cuestión,
terminando el acto, el efebo quedara en calidad de un simple amigo, y digo
yo. . . . “ante estos ejemplos que bonita es la amistad”.
Tomarnos las cosas tan a pecho en este mundo tan banal, es posible que
suscite que ningún corazón valga la pena, este mismo va forrado de esa piel
de lobo de la cual se enamoran más de dos; se dice que es el pretexto más
recurrente para todo aquel que decide acercarse al festín, degustar
cómodamente y volverse un goloso de las circunstancias, si todo eructo no va
acompañado de la supuesta “inteligencia” ni de la sutil “educación” de que
va la exigencia ante ello que solo se come de vez en cuando y se festeja
cada año. ¿Cuál será la justificante para reunirnos y brindar el próximo
año?, la abundancia es algo que por derecho todos nos merecemos, se le da el
valor que cada uno considera pero ¿la banalidad merece un festín? Reitero un
¡Sí! para todos aquellos que asistirán en busca de un ¡no se qué! Reitero un
¡No! Para aquel que busca la diferencia aun en la misma diferencia.