La casa de las chicas trans

El Gusto Culposo

“Hay un remedio para las culpas, aceptarlas”

Franz Grillparzer (1791-1872)

Dramaturgo Austriaco

El Gusto Culposo

Mano cansada del éxtasis ….. ruega por ella
Beso negado del asco………..ruega por ella
Monte sin Venus………………ruega por ella
Soberbia que hiere………...…ruega por ella
Lujuria de falo…………………ruega por ella
Burdel de mi carne…..……….ruega por ella
Lamento de culpa………..…..ruega por ella
Sexo que caes sobre todos nosotros, no tengas piedad, ni clemencia.
Libertad que abogas por las causas, no tengas piedad, ni clemencia.
Así sea su reino hoy… y siempre…

 

De sus placeres y la culpa estamos hechos, y en estigma la educación se ha vuelto la herida abierta que no deja de sangrar, procura lamerla, que de ella dependerás y en un futuro, abrazar su gracia.

Nacimos todas como una explosión de llanto, engarzada la una con la otra, sabíamos que algo en nosotras era diferente, mirábamos el cuerpo de otros y al compararlo con el nuestro, algo sobraba y algo faltaba; era como nacer mutilada en plena salud, elegida entre tantos más para soportar su dolor y casi podría afirmar que en momentos de delirio, todas ellas como si “eso” fuera un demonio, lo hubieran arrancado y expulsado de su cuerpo.

Asunción, sublimación ó exorcismo, no lo sabíamos de lo único que no dudamos era que estorbaba, “eso” nos flageló hasta renegar de su existencia hasta espinarse en mí memoria y caer en éxtasis.

Mi vida se volvió un cáliz que va y viene hasta quedarse suspendida en un altar de aceptación, estando quieta y exhibida aparecieron los feligreses creando a su Madonna en su falsa imagen y a su falsa necesidad, viviendo ella de su sangre y comiendo ellos de su carne.

Desgarrando ropas fui aceptando mí verdad, me volví conciencia y a mis pechos les sobraron motivos para existir; pise la luna, el sol y mi manto de estrellas no me basto para brillar. Me ungí en mí pecado y a cada uno forme para adorarlo.

Lo que fue negación ahora era mí gozo, mí diezmo se volvió mí cuerpo y todos con una culpa innegable venían a mi, se arrodillaban, me confesaban su gusto culposo; pero al no aceptarlo la mayoría optaron por casarse, procrear su estirpe y vivir en una mentira.

Desde siglos y hasta ahora sigo preguntando ¿Cuál es mí función siendo la trinidad? hombre, mujer y demonio todos me miran así con recelo, soy su placer y la culpa inmaculada, la que sabe el significado del amor en la cama, lo banal para algunos y lo sustancial para otros.

Lo cierto es que ahora “eso”, es existencia mía, le he devuelto su valor por que es mío, y lejos de volverse un estorbo se volvió mí dualidad, mí gusto y mí culpa. He aquí mi letanía, la de una enamorada, enamorada de ella misma.

Zitadina
Zitadina@hotmail.com



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