El Precio Social
Hola!
Espero que hayan podido leer el artículo pasado, acerca del precio en la Economía del ser trans... Ahora les hablare del precio que como seres sociales somos deudoras.
Habemos chicas que en si mayoría vivimos cosas similares, diría yo, pues desde que somos pequeñas y tenemos uso de razón nos sentimos más identificadas con el género femenino; pues a pesar de haber nacido biológicamente "machos" nuestra relación e interpretación ante la sociedad corresponde y simpatiza con el género "femenino", tenemos más factores en común con las hembras que con los machos.
¿Recuerdan que la vez pasada les hablé de una "infancia requerida" y de una "infancia impositiva"?; estos términos los utilizo por las siguientes razones:
La "infancia requerida" es una vivencia que se desarrolla con una plenitud y fluidez que van de la mano con la necesidad de expresarse de determinada manera y con individuos socialmente identificados con nuestros parámetros.
Es decir, un niño que "biológicamente nació macho" y su desarrollo en la sociedad se identifica emocional, sicológica y socialmente con el "genero masculino"; por ende todas las actitudes, vivencias y expresiones van inducidas a lo que generalmente llamamos "lo normal" o "lo socialmente correcto y aceptable".
Con una niña que "biológicamente nace hembra" y que su desarrollo social se identifica de igual manera con el "genero femenino", también es "lo normal", y por lo mismo viven una infancia, adolescencia y adultez joven a plenitud, obviamente rodeados de un entorno sano, por así decirlo, y aunque su núcleo familiar no sea lo bastante sólido (al menos en la escuela o con los demás infantes con los que conviva, llámense primos, vecinos, amigos etc.) pueden identificarse con otros iguales que por naturaleza cumplen con los mismos requisitos que ellos, sean "machos" o "hembras" identificados plenamente con el género correspondiente.
Pero ¿que sucede cuando un niño nace "biológicamente macho" y el género social con el que se identifica es con el de "mujer"?
Aquí mismo es donde comienza la discriminación de los mismos padres hacia el niño, pues lejos de ir con un especialista en la materia, (desgraciadamente la mayor parte de los sicólogos en nuestro país no son una buena opción, ya que sus estudios están basados completamente en teorías arcaicas y nada funcionales para estos casos en especial, pues el sustento científico con el que se manejan no comprende la complejidad de esta situación llamada "disforia de género", los únicos que pueden ayudar en este caso son especialistas en sexología y endocrinólogos especializados en "disforia de género") recurren inmediatamente a reprender, juzgar, prohibir y malinterpretar las actitudes del niño, pues basándose en sus creencias, sustentadas por una marginación y un dogma religioso opresivo que dicta lo que es correcto y lo que no lo es.
Dicho en otras palabras, siguen el lineamiento social "hombre y mujer", destinado hacia la procreación y continuidad de la especie, no conciben otro tipo de familia alterna a la convencional. Partiendo de esta conciencia, los padres quieren corregir la conducta del "niño", pues no desean que su hijo sea infeliz, mucho menos condenado al infierno.
Una lo vive de esta manera; te comienzan a reprimir, no te permiten desarrollar plenamente tu sexualidad, hay regaños, insultos, en primer plano, si notan que tu no corriges la conducta "rara" que tienes o "no te enderezas" recurren a los golpes y es aquí donde estragos sicológicos y físicos permanentes e irreparables.
La educación de este "macho" de género "femenino" se encuentra en una constante vacilación, pues una cosa es lo que "el desea y necesita vivir" para llenar las expectativas de su desarrollo sexual en la infancia y en la adolescencia, y otra muy distinta es la que sus padres desean "imponerle" para que corrija su comportamiento y su género de desarrollo "hombre" corresponda con el género de nacimiento "macho".
Entonces con estas bases, en la cual su infancia y adolescencia se desarrollan, dan como resultado un ser social con muchas inseguridades emocionales, con una falsa creación del modelo de "querer ser" que coincida con su verdadera identidad, y ya con toda esta presión de no haber podido desenvolverse como cualquier otro individuo en sus primeras etapas de vida, explota en una decisión de apresuramiento por querer llegar a ser la "mujer" que en su interior siempre ha vivido.
De aquí podemos entender la situación de inmadurez en distintos grados en la mayoría de nosotras; por ejemplo: Una chica trans decidió vivir su rol de género femenino a la edad de 22 años, a esta edad tiene una "madurez como hombre" (subjetiva en su caso), y a sus 22 años comienza a vivir las experiencias de una "mujer" y esta viviendo la infancia, adolescencia y adultez joven como "mujer" al mismo tiempo, IMAGINENSE!!!!!!!!!!!!!!!
Por ende, la mayoría de nosotras, quizás no todas, somos un torbellino de emociones; tenemos dificultad para poder ocupar un lugar como "mujer" en la sociedad y mucho más se nos dificulta poder establecer un "compromiso" verdadero en una relación, pues apenas se nos está abriendo un mar de posibilidades, somos como chivos sueltos en una cristalería.
Y es que un "macho hombre" entra en conflicto cuando ve a un "macho mujer", pues como "machos hombres" tienen al mundo en sus manos per se, tienen el control, son poderosos, pueden y deben dominar a una "hembra mujer", ¿como es posible que un "macho hombre" renuncie a este derecho y prefiera ser "macho mujer"?, degradándose a servir, a ser sumiso, a obedecer, no es posible que este renunciando su hombría!!!!!!!
Y mayor aún es la conmoción cuando a un "macho hombre" le resulta atractivo un "macho mujer".
¿Hasta cuando nuestras limitaciones emocionales, sicológicas, sociales y espirituales nos van a prohibir ser felices?
¿Hasta que momento abriremos los ojos y veremos al ser humano del que nos podemos enamorar y dejaremos de darle importancia a "lo que hay entre las piernas"? pues cuando a mi me presenta mi pareja en sociedad me presenta como su "novia", no como la "vagina" o el "pene" del que se enamoró.
La moraleja ¿Hasta que punto las telarañas de la casa van a seguir impidiendo la entrada de la luz? ¿Hasta cuando van a gobernar nuestros miedos en nuestro ser?. Píensenlo, la vida es solo una, y muy corta desafortunadamente, yo no estoy aquí para hacer felices a los demás, si no PARA SER FELIZ YO...
Que les sea
leve y hasta la próxima!!!!!!!!!!!!!!
Ximena do Santos.
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