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La Imagen Travestís México del Mes
“JOALY” (Junio 2010)


Por Esteban R.C. Bernot de los Ríos

 

En esta ocasión decidimos cambiar el formato e invitar a que un conocido de nuestra Chica del Mes hiciera un perfil, una semblanza, una carta de amor sin duda, que les dé a los lectores una perspectiva diferente de esta querida elegida para el mes de junio 2010:

JOALY

 

Camino hacia un café. Es una tarde fría, con viento, nubes grises. Anuncio de lluvia. Joaly cruza la calle. La miro llegar con una blusa amarilla que destaca su maravilloso cuerpo. Sin maquillaje se ve espectacular. Tiene motivos para estarlo: es la primera chica transgénero en obtener un acta de nacimiento y una reasignación de sexo. Completamente legal. Tras apenas ocho meses de hacer trámites y salir victoriosa en los jurados. Nadie rebatió la sentencia. ¿Por qué habrían de hacerlo? Basta verla para comprender cuán femenina es. Una mujer con, sí, una sorpresita entre las piernas, pero mujer. Es prácticamente la primera en lograrlo siguiendo todos los pasos que exigen las nuevas leyes; en aprovechar todas las posibilidades a su alcance para ser ahora, ya por siempre, Joaly, “el regalo de la luna”, que es lo que significa su nombre en griego.

Tiene motivos para estarlo: es la primera chica transgénero en obtener un acta de nacimiento y una reasignación de sexo, completamente legal…

Su sonrisa es amplia, generosa. Viste muy sencillamente. Al abrazarla huelo su perfume y siento la textura de su piel, de sus hombros descubiertos. Es de baja estatura, chaparrita pero muy, muy sensual, lo que confirma su feminidad.

“Llegué muy temprano”, me dice.

En realidad es la hora exacta. Se ve que es una costumbre en ella, que así cumple sus compromisos. Nos sentamos en medio de un mar de miradas que la tienen como blanco. Le basta moverse tantito para que la miren, para que llame la atención. Es un imán de miradas y la mesera que se acerca tampoco puede ocultar la admiración que siente, no sabemos si hacia su atractiva figura o al hecho de que parece que lloverá y Joaly no trae nada con qué taparse.

“Me abrazarás para no mojarme, ¿no?”

Me dice con una coquetería que le conozco. No soy el único: muchos han certificado su entrega y su gusto por hacer sentir bien a la gente.



Su pelo es largo y está cuidadosamente peinado. No tiene una gota de maquillaje y se ve increíblemente atractiva. En lo que platica conmigo me confirma que carece de extensiones en su pelo y que si sale sin maquillaje a la calle es precisamente porque se siente segura de ser quien es. Y de haber triunfado en la batalla legal para ser reasignada como mujer. Sin necesidad de haberse hecho la conocida “jarocha”.

Sus manos también son delgadas. Usa varios anillos. Su bolsa esconde un celular que enseguida repiquetea.
 

“¿Puedo contestar?”

Pero ¡por supuesto!

 

Todo indica que un chico la quiere contratar. A la de ya. Le da indicaciones para que se instale y le llame en cuanto lo haya hecho. En el ventanal que está junto a la mesita de al lado, veo lo que sin duda es un caballero que codicia estar sentado en mi mismo lugar. Es obvio que se pregunta “¿quién es esa mujer?” Imposible dudarlo porque puedo asegurar que si Joaly se sienta con varias mujeres a la vez, nadie nunca sospecharía que tiene ese “caramelo” extra.

“Señorita, su refresco...”, dice la mesera que coloca ante nosotros su bebida y mi café. “¿Algo más?”, dice sin quitarle los ojos de encima. Por el momento nada. La mesera se va preguntando “¿cómo le hará para verse tan buena?”. Sí, ¿cómo?

 

Ella ha aprendido a cuidarse mucho. Come bien, asiste regularmente al médico, anda siempre muy pulcra y arreglada. Se cuida mucho porque su silueta, sensual, exuberante, tiene muy poco de artificial. Salvo sus implantes. Todo lo que se ve es Joaly pura. Destaca mucho la caída de su espalda. Revela toda ella tener un cuerpo formado por una disciplina constante y un cuidado meticuloso de su persona. Sé de buena fuente que no tiene más cirugías que las indispensables. Y su rostro está especialmente cuidado. Como el de una mujer.
 



 

Pero su pelo llama mucho la atención.

 

El pelo y su sonrisa.

 

Una sonrisa abierta, que no tiene miedo a ocultarse.

 

Me encanta estar con ella. Y ella, acaso intuyendo mi admiración y deseo, toma mi mano, la aprieta y me invita a entrevistarla.

 

Joaly ha estado sola desde muy chica. Salió de su casa con apenas trece años de edad. Trabajó en una imprenta haciendo todo tipo de trabajos a cambio de veinte pesos al día. Fueron tiempos difíciles. Tiempos en los que pasó del rechazo a la reconciliación con su familia. Tiempos en los que confirmó lo que desde su infancia sabía: quería ser femenina. Pero no como una mujer al ciento por ciento. Como Joaly. Como lo que es. Como lo que ha logrado.

Me sigue sonriendo. Es la sonrisa que se dispensa a un amigo. No soy para ella un extraño. Hemos convivido varias veces. Hemos estado muy juntos. Sé a qué saben sus labios. Sé cómo besa. Sé que oculta una pasión enorme por lo que hace y por cómo lo hace. ¡Y lo hace muy bien! Joaly sabe seducir. Es algo natural en ella.

Soy un amigo que sabe que a los catorce años de edad, Joaly conoció a su amiga Gina. Una chica trans que le enseñó a maquillarse mejor de lo que ella hacía cuando jugaba, desde muy chica, a ser la quinceañera de todas las fiestas. Esa afición por ser mujer, Gina ayudó a encauzarla.

Para esta semblanza a Joaly le bastará desnudarse. Pero de manera diferente. Ella sabe que debe hacerlo. No físicamente. Tiene que desnudar su alma. No se le ve inquieta ni preocupada. Quiere mostrar ese otro aspecto de su vida.

Debo confesar que me gusta verla segura, abierta. Tan abierta como su escote.

Empiezo a hacerle preguntas. Se nota segura de lo que responde. Pero revela más con sus actitudes. Su lenguaje es corporal, y aunque discreto, es elocuente.

De alguna manera confirma por qué me siento atraído hacia ella.

En el fondo de mí percibo una inquietud. ¿Debo acercarme más para que su voz sea un susurro o debo permanecer lo más alejado posible?

Decido lo primero y veo cómo ella se acomoda, junta su mano con la mía, cruzando sus pies con los míos bajo la mesa del café, entregándome sus palabras como si fueran los secretos de su vida que no ha querido revelar antes.



 

La señora Rosa

 

Mis preguntas no la inquietan.

 

Recuerda su etapa con la señora Rosa, una mujer que le pidió que se definiera, que no podía andar por ahí siendo un hombre que parecía vestida.

“Yo no quiero jotitos”.

O elegía un camino o el otro. Eligió, pues ser ella, la Joaly de ahora. Esa señora Rosa era su patrona. Joaly era su empleada. Aunque nunca se sintió así. Su escote revela unos pechos deliciosamente tersos. Algo en mí dice “tócaselos”.

No podría hacerlo. Lo deseo pero estoy aquí por otro motivo.

Descubro que ese otro motivo es saber por qué Joaly siempre fue tan anónima, por decirlo de alguna forma. Porque hace apenas unos años, muy pocos, que se le conoce en este ambiente. Antes era una chica de su casa. De pronto estaba en el Casanova y de pronto ya en la Página. “Que me ha dado mucho, la verdad. Ha impedido que yo ande en la calle. Me ha llevado por todo el país. Afortunadamente con mucha suerte. Siempre he sido bien recibida. En la Página han sido pacientes conmigo, igual que los chicos que he conocido por medio de ella”.

La Página me ha dado mucho, la verdad. Ha impedido que yo ande en la calle. Me ha llevado por todo el país. Afortunadamente con mucha suerte. Siempre he sido bien recibida. En la Página han sido pacientes conmigo, igual que los chicos que he conocido por medio de ella.

Sé los detalles de su periplo vital. Sé que vivió durante mucho tiempo con un hombre que la cuidó y la apoyó muchísimo. Que este hombre fue su protector. Pero en determinado momento se enfermó. Dejándola a su suerte. Sin nada. Tenía el apoyo de su familia, desde que a los 17 años regresó a su hogar y su madre y sus once hermanos la recibieron. Pero ella hizo su vida con ese hombre. Vida que la había cambiado. La había templado para ser quién es.

Las palabras no podrían transmitir lo que ella sufrió. Pero ahí está, frente a mí, la sencilla y sonriente Joaly. Sin nostalgia por el pasado, sin dolor por los tiempos ya idos.

Hay que estar cerca de ella para sentirlo. No es algo que se pueda definir, ni mucho menos sobre lo que ella quiera hablar, así de modesta es. Es algo que se siente, que se ve.

Me confirma más hechos de su vida.

Una vida en la que jugaron papeles importantes sus amigas Janice, una de las más bellas travestis que ahora vive en Francia, y Dorian Elizabeth, quienes la alientan a que se opere, a que se ponga implantes, a que asuma su parte femenina por completo. Ella lo hace descubriendo que ya era muy femenina. Su rostro está inalterado. Sus manos son menudas y frágiles. Su cintura es de tentación total. Su cabello tan natural, sin extensiones. Me deja que pase la mano por él, que la acaricie para confirmar que no tiene nada extra. Y me asegura que ha tenido suerte, que por eso sabe ser así como es: alegre y divertida. Su risa no miente, sus miradas, menos.  

(Tócala, bésala, abrázala).

Siento que me distrae mucho. No tiene prisa. Bebe pausadamente su limonada. Confirma que le gusta platicar y hacerte sentir cómodo. ¿Así tratas a todos los chicos?

“Siempre, siempre”.

Dice que vivió en el anonimato durante años, desde antes y después de su transformación. Sólo ha amado una vez con intensidad. Pero los celos destruyeron la relación. Fueron dos años intensos.  

“Lo amé. Incluso lo idolatré”.

Pero el paso del ligue conmovedor y siempre agradable, a la realidad de la vida cotidiana, al hecho de que Joaly llama siempre mucho la atención, fue el paso del amor a la pérdida.

 

“En la conquista, el hombre es un ser maravilloso. Es un príncipe. Que se vuelve ogro. Mi casa era un castillo.”

Un castillo desmoronado por celosas actitudes. Dudas y cuestionamientos. La ruptura fue algo muy fuerte, difícil. Lo dejó ella todo. Se quedó, de nuevo, sin nada. Todo por amor. Así que debía recomenzar su vida. Sin saber a dónde dirigirse, la vida y la ayuda de algunas de sus amigas, la llevaron a las puertas del Casanova, donde conoció a Massiell. Ella fue una de las amigas que más la impulsó a seguir adelante y a ser conocida día con día. En Casanova, lugar ahora mítico, que funcionaba desde las once de la mañana, trabajó en exclusiva junto con otras de sus grandes amigas de ahora, como Karen y Alcatraz. Me conmuve la forma en que lo cuenta.

“Siempre fui la que abrió Casanova. A la once de la mañana ya estaba yo ahí. Muy puntual”.

(Bésala).

Joaly no se hizo sola.

Ella recuerda los consejos, la amistad, el cariño. El apoyo profesional que le otorgaron sus amigas que la acompañaron en esos momentos de enorme transformación y que duraron todo el tiempo que estuvo funcionando Casanova, el club que muchos creían que perduraría pero en el que Joaly y otras chicas aprendieron el arte de la seducción y lo convirtieron en algo magistral.

“Salíamos con lencería, estábamos así todo el día. Era algo muy sensual desfilar ante los clientes y verlos directamente. Sentías cómo el deseo se posesionaba de ellos”.

Aunque se ve frágil, Joaly no lo es porque su fragilidad también es sinónimo de una enorme fortaleza. Para salir adelante como lo que ahora es.

En su etapa de definiciones, tuvo una fundamental: su sexualidad.  

Una sexualidad que atrae. Su menuda estatura sugeriría una chica pasiva, lo que nunca ha sido realmente. Sin duda es una chica activa. Muy activa.

Una chica que, sin embargo, no encuentra contradicción en ser activa y pasiva.

No hay contradicción en ella. Hay equilibrio.

Esto es muy seductor. Porque nadie sabe qué papel va a asumir. Es, por decirlo así, una chica de inspiración. (Acércate y bésala). Tal vez a algunos incomode no saber si va a ser pasiva o activa en determinado momento. No deberían sentirse mal. Deberían dejarse llevar porque Joaly sin duda alguna que sabe lo que quiere hacer con cada uno.

Seductora. Delicada. Tentadora. Sus labios casi piden ser besados. Casi… Hay una barrera tras la que ella se oculta con elegancia y sutileza

Porque uno de los atractivos de Joaly es que puede transformarse en un instante, pero conservando siempre su carácter seductor.

Seductora. Delicada. Tentadora.

Sus labios casi piden ser besados. Casi.

Hay una barrera tras la que ella se oculta con elegancia y sutileza.

Pero también hay una invitación: “¡atrévete!” (¡Atrévete!).



Un día cualquiera Joaly es de las chicas más recientes en la Página.

 

Le gustó entrar a la Página porque aquí descubrió algo más amplio y profundo de su sexualidad. Porque le gusta sentir. Porque le gusta disfrutar. Porque le gusta que la disfruten y hacer sentir que ella está disfrutando con la misma intensidad.

 

Llegó a la Página tras una invitación hecha por uno de los dueños. Eran tantos los comentarios favorables sobre su persona en Casanova, que no invitarla habría sido un error.

 

Y un día cualquiera descubrió la experiencia más sensual de su vida. Una experiencia excepcional.

“Me dijo ‘espérame’. y lo esperé. Fui la primera en llegar. En ponerme una ropa toda sensual. En vestirme con calma. En sentir cómo entraban por mis piernas unas  medias negras, tal vez las más tentadoras que tengo. En ponerme con calma mi tanga. En ocultar mi caramelo. En sentirme cachonda imaginando que él era el escort. No yo. Él... No se tardó mucho en llegar pero yo ya estaba a cien. Durísima. En cuanto entró me le fui a los brazos. Nos besamos apasionadamente. Con deseo. Yo lo toqué y el estaba igual de durísimo. Aunque creo que yo más. Enseguida él se inclinó para chupármela.



Yo casi no podía de lo caliente que había sido para mí imaginármelo como un escort. Imaginarme su llegada... y luego su venida, jajaja... Él llegó con el deseo a flor de piel. Compartimos lo mismo. Cuando nos dimos cuenta ya estaba yo dándole placer, como tú sabes, como a ti te gusta. Con cariño, con fuerza, haciéndote sentir único, provocando que te queden los ojos en blanco, de puro deseo, de placer puro, sin ataduras.

Antes de acabar intercambiamos roles. Me gusta aguantarme hasta el final. Ya sabes. A ti te gusta así, ¿no? Sentirme que casi me vengo pero dejo siempre que te vengas tú primero. Entonces él me montó. Me hizo sentir con intensidad lo mismo. Fue tierno y fuerte. Nuestros sudores se mezclaban. Nuestros gritos hacían eco. Tú ya sabes cómo se siente, ¿no? Esa pasión es lo que hizo diferente el encuentro

Lo que siempre trato que suceda. Así que él no pudo más. Sentí cómo se descargó. Cómo gritó de placer. Antes que quedara por completo flácido, yo lo monté. Él sintió de nuevo lo mismo. Mi orgasmo fue una extensión del suyo. ¡Tú sabes lo que yo te haría! Pues eso le hice. Yo sé que muchos buscan eso, sentirte y sentir. Sé qué necesita cada uno, qué está buscando cada uno. Aunque soy más activa que pasiva, lo disfruto siempre. Y siempre intento llevarlos al cielo. Eso lo sabes, ¿no? Ese día mi deseo era tanto que hasta sentí que me creció más. Fueron minutos intensos, inolvidables...”.

No lo dudo. (¡Bésala!)

O mejor: dile que quieres chupársela. Que la deseas en este momento. Aquí. Ahora.

Galería del misterio

Joaly no cree en las Galerías Privadas. Quiere conservar su misterio hasta el final.

“Que cada chico descubra lo que tengo. En privado”.

Sabe ser por esto una chica muy tentadora.

“Me gusta conservar mi intimidad. Y eso que tengo aquí -me dice señalando coquetamente hacia su entrepierna- es para que lo veas y disfrutes en privado. Que sea siempre la sorpresa que me reservo para la intimidad... Debo dárselas a desear, ¿o no?” .

“Yo creo que al tener una relación con un cliente, puedes desarrollar una amistad completa, ¿o no?
“Yo creo que al tener una relación con un cliente, puedes desarrollar una amistad completa, ¿o no?

Seguro, sin duda, lo que tú digas. Ummm.

Emana de su cuerpo un aura que, sin temor a equivocaciones, puede definirse como romántica. Esto es algo que atrae poderosamente la atención.

Su rostro es alegre y amable. Sensual. Pero hay un dejo de melancolía en su mirada.

Sus labios esbozan sonrisas cálidas pero también nostálgicas de algo que ha vivido con intensidad: el amor.  

“Yo creo que al tener una relación con un cliente puedes desarrollar una amistad completa, ¿o no?”.

Sin duda.  

(Bésala)

 

“Pero es rico, es excitante saber que ese acto puede derivar en algo más. Aprecio mucho la amistad que puedo obtener en un encuentro así. Tal vez por eso nunca he tenido problemas. Porque me entrego. Porque hago que vivas la experiencia. Sí, a veces me canso, no porque no quiera. Por simple fatiga. Pero la pasión continúa. Intacta. Eso me ayuda a reponerme por completo. Tú lo sabes, ¿no?”

Ella es, sí, de esas chicas que nunca se olvidan.

(Bésala).

“Pero también sé ser amiga desinteresadamente. Por eso es que quiero agradecer a todos los que me ayudaron en conseguir que yo sea ahora esa chica ya legal, como por ejemplo los amigos que he hecho por medio de la Página. Sócrates que me ha ayudado desinteresadamente y me apoyó muchísimo en todo este proceso de conseguir mi acta de nacimiento definitiva. Él es un amigo leal. Igual que Dorian Elizabeth. Que mi abogado Alejandro Barrera. Que Guadalupe Aguilar. Que mis muy queridas Massiell, Karen, Erica y Ninel. Además, quiero agradecerles a los dueños de la Página elegirme para el mes de mi cumpleaños. Gracias a todos”.

Su agradecimiento, lo sé, confirma que Joaly ama la vida.

 

¿Qué les dirías a quienes no te conocen y quisieran hacerlo?

“Que crean en nosotras las chicas. Que nos ayuden a superarnos como mujeres transexuales. Que no nos hagan cosas indebidas porque todas tenemos dignidad y que si pedimos respeto es porque sabemos el valor del mismo. Y que los que se animen a conocernos, nosotras sabremos conservarlos como amigos. Como muy buenos amigos, porque estamos entre ustedes. Somos parte de una realidad nueva y abierta en la que el amor significa una entrega total de persona a persona. Y el sexo es lo más delicioso que  esa misma persona puede darle a otra. Recuerden que la amistad es el tesoro más grande que Dios nos dio y muchas eso buscamos con conocerlos: su amistad. ¿O no te parece a ti?”

Sí, me lo parece. Y mucho.

 

Acaba la hora de la entrevista. Joaly ha recibido varias llamadas. Algunos chicos se impacientan por saber dónde está y a qué hora llega. Aunque quisiera pasar más rato con ella, no se puede. Es la hora del adiós.

Nos encaminamos a la calle. Logro ver de reojo cómo la miran los demás parroquianos del café. Uno murmura por lo bajo: “¡qué mujer!”. Sí, qué mujer, qué femenina, qué bien formada y arreglada sigue Joaly al caer la tarde. Un minuto después le abro la puerta de su taxi. El frío se ha acentuado con el paso de la hora. Sus hombros descubiertos, sin embargo, no parecen sentirlo.

La abrazo de despedida.

Para mí es un abrazo triste.

El suave aroma de su perfume se queda flotando el aire. Es lo único que revela su presencia.

Joaly, eres en verdad un “regalo de la luna”. Y me besa en el último instante: ¡ha adivinado lo que he querido hacerle a lo largo de esta hora! Sólo un beso. Eso me da. Con ternura. “Nos vemos”.

(¡Tus labios Joaly, oh, el dulce sabor de tus labios!).

 

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